domingo, 25 de septiembre de 2016

Raíces

Jamás sentiré una tierra
tan mía como la de Soria.
Jamás olvidaré el color de sus campos
mezclados con tierra caliza.
Los tonos verdes del trigo y la cebada
las encinas alzándose entre los caminos,
el olor del tomillo que trae el viento
mientras recoges uvas en la vid.

Jamás sentiré una tierra
tan mía como la de Soria.
No la tierra como lugar,
sino la tierra que arrastra el viento
que piso y que forma los caminos.
La tierra que se queda en las manos
cuando coges setas sin llevar abrigo.

Jamás sentiré una tierra
tan mía como la de Soria
porque aunque viva en otros lugares
y aunque mi corazón este dividido
entre la ciudad y el corazón de la Castilla
que empieza a caer en el olvido,
las raíces que son para siempre
toman su agua del mismo río
del que se nutren los campos
que hoy deseo describir en mi mente.

Y aunque el Duero se seque
y caminante, no haya camino
y a veces me despierte
lejos de su habitual frío
hay paisajes que no se miran con los ojos
sino con el corazón de un niño
y jamás sentiré, ya pueden ser París o Roma
una tierra tan mía
como siento la de Soria.


lunes, 19 de septiembre de 2016

Mono no aware

Soy de las que recuerda las canciones que bailó, de las que recomienda libros, de las que guarda objetos de momentos importantes. Soy melancolía y lucho contra el olvido. Siento como si fuera ayer todo aquello que me marcó. Siento las palabras provocando escalofríos en mi cuerpo, los abrazos calentando el corazón, las miradas diciendo adiós. Es pasado y los mantengo presentes; y casi siempre deseaba que fueran futuro. Casi siempre. Soy melancolía y lucho contra el olvido, aunque trate de dejar atrás la carga de los recuerdos.


viernes, 3 de junio de 2016

Tal vez si soñamos

Más que nunca y, como en mi vida siempre,
irremediablemente impaciente.
Tengo la necesidad, conmigo
de sentirte y de tocarte,
de tenerte como abrigo.

Es la conexión tan fuerte,
que la desconexión me mata.
La prisa por conocerte a fondo
y a la vez la incertidumbre
por rozar muy poco a poco,
por mantener viva la lumbre.

Encuentro un hogar en tus ojos,
castaños y llenos de vida.
Recogen de mi corazón despojos
y en tus manos les dan cabida.

Incluso cuando discutimos
por la maldita sintonía,
para mí somos dos músicos
al son de una melodía.

Y si perdemos la fe,
probablemente esté escondida
entre un beso que me des
y una carcajada limpia.

Si esto no es algo grande
que me traigan la primavera;
me reiré como nunca antes
de su dimensión austera. 

Tal vez, la conexión es tan fuerte
que la desconexión es terrible.
Tal vez, la sintonía nos falla
porque la música no se repite.

Tal vez queramos comprendernos tanto,
que un fallo nos da dolor de cabeza.
Arráncame las lágrimas si con eso
deshago nudos en tu maraña de ideas.




Pasara lo que pasara, iba a salir de aquello como siempre: con muchísimas agallas y una fuerza que a veces no sé ni de dónde sacaba. Oliendo y sabiendo a café y con la tinta en la boca. Con el dolor destruyendo todo y haciendo que, por momentos, me importara cada vez menos lo que le pasaba al corazón. Fingir que no tenia nunca era una opción; fingir que podía arreglarlo, cada vez más difícil y lejano. Soñar, la única forma de evadirme; el insomnio, siempre presente mientras las lágrimas luchaban por salir apelotonadas del lagrimal, queriendo descender por mi mejilla.

Iba a salir de aquello porque era lo que siempre hacía: salir. Hacia dónde, ya era otro tema. Qué difícil parece sentirse bien cuando no encuentras razones. Si sales, si sigues, es porque entre todo ese barro te encuentras a ti mismo, fuerte aunque a veces te derrumbes y entero aunque hayas perdido pedazos por el camino.

Pasara lo que pasara, la vida seguiría y yo siempre tendría metros cuadrados de más para un corazón que cada vez era menos.

martes, 10 de mayo de 2016

Temporal



A veces, cuando parece que el buen tiempo ha llegado para quedarse, vienen lluvias torrenciales. El viento se lleva tu paraguas y te azota en la cara para que sepas que no tienes que relajarte, que la vida está lejos de ser un camino de rosas. Caminas hacia la dirección que quieres, por mucho que cueste y que el temporal te empuje hacia otro lado y solo esperas llegar lo menos empapado posible. 

A veces, cuando crees que el calor te acompañará siempre, necesitas una manta y un buen té en la despensa por si vuelve el frío a colarse por la ventana y a hacer una parada bajo el edredón. Y si ocurre (que lo más probable es que ocurra) tu mejor arma es no pensar en lo malo del frío, sino en el cielo de diferentes tonalidades grises, en las gotas cayendo en la ventana, en sopas recién hechas y en hundir las botas de agua en todos los charcos que haya en la ciudad. 

Y de verdad, de verdad, que a veces, en medio de todas esas tormentas alguien te dice "no vale la pena" y te hace pensar, aunque sea mentira, que no mereces mojarte ese día. Y aunque quizá otro día valga la pena soplar las nubes y descubrir el sol, hoy por hoy te pones la capucha, metes las manos en los bolsillos y caminas mientras resuenan las gotas contra la acera, contra el abrigo, contra la vida... limpiando cualquier cosa que haya podido ensuciar la primavera.

miércoles, 13 de abril de 2016

Posguerra

Siempre encuentro motivos para desvelarme. A veces simplemente la realidad me mantiene alerta porque los sueños me parecen mediocres en comparación. A veces son los sueños los que anhelo porque igual, y solo igual, si mi subconsciente se comporta, me muestre aquello que quiero ver. A veces dudas y fantasmas se apelotonan en mi cama y el simple contacto con ellos me congela los pies. Noto la oscuridad amparando pesadillas y las sábanas guardando pensamientos fúnebres al son de una balada que se me antoja el requiem de todas las cosas bonitas que me pudieran suceder. 
Tengo miedo y casi siempre es un motivo para desvelarme. Porque me paraliza cualquier cosa que consigo pueda llevar de la mano un solo objeto punzante que raje este corazón y haga llorar este alma. Cierro las puertas a todo, guardo el corazón bajo llave. Tiro las posibilidades al mar en el que siempre naufrago cuando me lanzo desde aquel acantilado; tan seductor me parece cada invierno...
Y ahora hay silencio y resuenan todas las dudas y susurran todos los recuerdos y brota en mí el insomnio que no se aventura pasajero. Me grita la razón y pocas veces atiendo. La valentía dormita, drogada por la cautela. En un nuevo terreno, desconocido y exótico, suaves son los pasos que da el alma para no dinamitar en mil pedazos. "Velar tus sueños no puedo, más puedo limpiar tus heridas de guerra." 

Cansada de batallar, descanso, los párpados mueren en la arena: no sé si me han rescatado o he llegado tras permanecer a la deriva cientos de lunas llenas.