sábado, 20 de febrero de 2016

Notas de eneros fríos

Estás loco si crees que abandoné la calma por ti. Abandoné la calma porque ella y yo ya no éramos capaces de vernos la cara sin sentir cierta amargura. A mí me llamaba la tormenta y el caos, las llamaradas de locura y las acciones imprevistas, las ilusiones, el desconcierto, la improvisación.
Estás loco si crees que te regalé aquellas páginas para que las desestimaras. Bórralas como a mí; tíralas, písalas, olvida dónde y cómo las dejaste y vuelve cualquier día para ver si puedes escribir en ellas.
Estás loco si pensaste que me quedaría viendo cómo me marchitas y te riegas, cómo me arrancas las hojas mientras dices que me quieres ver crecer. 
Estás loco si, por solo un segundo, creíste ser algo más que aquello que, como un niño con un juguete nuevo, me quiso dos días y me rompió el tercero.

Estoy loca porque pensé que podía creer a un extraño cuando me hablaba de un paraíso que solo estaba en su cabeza. 

miércoles, 13 de enero de 2016

Sobre agallas e ilusiones deshechas

Apenas unos años después de haber empezado a vomitar palabras, ya siento que lo he escrito todo. Lo más difícil de escribir cómo me siento es que tras escribirlo, lo veo. Me veo reflejada en palabras conectadas por mi mente, que forman mi alma y que atañen al corazón, allá donde aún quedan resquicios habitables. Lo peor de las palabras es enfrentarte a ellas, poder mirarlas de frente una y otra vez y que no se borren con el tiempo, la compañía o con irse a dormir pensando que mañana, por no llevarle la contraria al sentido común, será otro día. Y lo mejor de las palabras es enfrentarte a ellas. Sí, te ves por dentro y te contemplas, ves las heridas, ves las alegrías y coses los rotos. Y sobre todo, ante todo, y porque parece que es la única forma de hacerlo de verdad, te perdonas a ti mismo. Me vienen canciones y frases a la mente, ¿qué voy a escribir yo, si los mejores ya lo han escrito? 
Pero también me leo a mí misma, porque al fin y al cabo, dónde me voy a encontrar mejor que en mis versos. Y no he cambiado, aunque no soy la misma, pero mantengo aquellas cosas que me hacen ser como soy, para bien o para mal, como la pasión y la impaciencia. Las moldeo para mí, lo consiga o no, las ato a mí, las hago a mí y las aplico: cuando me rompen en pedazos y cuando me sonríen un domingo. 
Siempre busco refugio aunque considero que casi siempre en sitios equivocados: las palabras hacen fortalezas que los vasos vacíos no pueden romper. Me miro al espejo y soy yo; me recuerdo con quince años, cuando empecé a arrancar páginas a las libretas, a hacer ruido con las teclas y, más que nunca, a conocerme. 
Yo, me, mí, conmigo. A veces soy una terrible compañía y otras la única que me hace madurar. Diecinueve años y los ojos vidriosos, el pelo revuelto, poesía en los labios, grabadoras sin reproducir, libretas sin acabar y sin empezar, la fuerza en los abrazos, las manos incorrectas para tocar un saxofón, dramas a media noche, sonrisas a media tarde, ganas de sentir todo el día y ganas de querer...

...me para siempre.

sábado, 2 de enero de 2016

1 de enero

Llovía y yo lo oía desde mi habitación. Cerraba los ojos y me dejaba envolver por el sonido que las gotas producían al estrellarse contra el suelo de mi balcón, las ruedas de los coches abriéndose paso entre los charcos, a veces los tragos que ingerían los canalones. Al menos podía oírlo y respirarlo. Quería salir a la lluvia pero no lo hacía. Cualquier cosa fuera de mi habitación me parecía cruel y aterradora, escondía la cabeza bajo las mantas y meditaba una vez más sobre lo cansada que estaba de meditar siempre sobre lo mismo. Soledad podía ser una triste compañera, que alimentaba fantasmas y hacía regurgitar las penas, pero dejaba más espacio para mí: protagonista de mi vida, mi centro de atención. Podía respirar y respiraba tiempo; quería tranquilidad y tenía, irónicamente, más que nunca entre rebeliones internas y bullicios externos. Hay cosas que ya no cura ni un buen café. 
Sentía ganas de gritar algo, pero todo parecía dicho y todo parecía silencioso y en calma. Es lo que viene después de la tormenta, aunque yo siempre seré de lluvia. Del fondo solo podía subir y del frío solo podía esperar golpes. Buscaba nuevos lugares de escribir ensuciando las hojas a la par que limpiaba mi alma e intentaba perdonarme las cosas a base de leerlas de mi puño y letra. Repeticiones inconexas sobre lo que debería ser y lo que no, sin respiro al corazón más que para mantenerse en calma y solicitar nuevas costuras a agujas que quizá nunca llegarían a enhebrar. 
Y quién sino yo misma, como digo que hago siempre y como en realidad no hago nunca, va a tapar los agujeros por los que se escapan todos esos sentimientos que rebosan tras una noche de melancolía y errores en la que solo pude quejarme, como siempre hago, de que las cosas no son como yo quiero. 

Casi veinte años y las mismas rabietas.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Fénix

Espero que estés bien. Espero que hayas encontrado la calma, las respuestas, las salidas. Espero que hayas conseguido dormir y que hayas dejado los cafés a las dos de la mañana. Espero que el olvido aun no haya llamado a tu puerta, que tú no te hayas lanzado al abismo de la desesperación y que la tristeza no tenga intención de quedarse a vivir. Espero, de todo corazón, que pronto ni recuerdes cómo era una despedida. Espero que puedas mirar otros ojos y sentir ilusión, que ni te suenen los lugares en los que nos sentamos, que no recuerdes si me gusta el frío o el calor.

Espero que te sepan igual los cafés, que cuando trasnoches sea sin motivo y que no pierdas ningún bus. Espero que la dársena en la que te dejé parezca siempre perfecta para sentarse, que miércoles no signifique nada para ti. Espero, y sé que con esto me desesperaré, que no olvides nunca la última canción que compartimos y que unos ojos verdes nunca más signifiquen algo para ti.

Espero que no vuelvas a hundirte en un océano, que nunca necesites alcohol para hablar, que 24 horas te parezcan mucho tiempo para pasar con una sola persona. Espero que tu realidad supere a cualquier ficción, sueño o intento de felicidad y que puedas utilizar el mecanismo que provoca en tu cerebro que olvides a alguien con solo desearlo. Espero y esperaré siempre que ese mecanismo tenga opción de retroceso o que al menos el olvido no exija rencor. Espero que nos encontremos, que si lo hacemos sepa si saludarte y que si no te saludo, sepas que estaré deseándolo.


Espero que escuches mis canciones y que, tras haberte quemado en el fuego que sentías, hayas renacido de entre tus cenizas. 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Manías

No era dolor, pero me invadía una extraña tristeza. Algo había hecho mella en mi interior sin llegar a romper nada. No había tenido tiempo de romper nada. Había dejado el sabor amargo de acabar con algo que no había empezado. No había tenido tiempo de empezar. ¿Y a quién decirle que te ensombreces por no poder volver a vivir unas horas que te hicieron sonreír? 
Nos conectaron las palabras y la sonrisa de una calidez nunca esperada. Yo siempre pienso que los cafés unen más que lo abrazos. Sentía los lazos porque me tiraban a un mar abierto, templado y calmado, que me mecía con una suave brisa y me hacía sonreír y meditar. Pero llegue a una playa de arena ardiendo al calor de la realidad. No quiero dejar de bañarme en el mar.
Miles de sentimientos, recuerdos cercanos y pensamientos nuevos y extraviados se encuentran en mi cabeza, que confusa y agotada sólo quiere descansar en dos abrazos diferentes, que sólo siéndolo harán ambos que me sienta especial. 
Viviría de las suposiciones y de sentir cosas nuevas de vez en cuando, de replantearme la sinceridad y el dolor, el amor, la vida, los sueños, los sentimientos y el resto de cosas que le dan color a esta existencia aún joven. A veces, no obstante, vivir es vivir en calma y experimentar cosas nuevas desde lo ya conocido.
Era extraño esperar encontrarse un nuevo error en cada lugar al que iba, dudar de algo de lo que es difícil estar completamente seguro y estar completamente seguro de que te iban a volver a hacer dudar. Y qué bonito y qué triste; "dudar de tanto es otra forma de morir". Pero si algo es ilimitado y propio es la mente, y ahí no hay más barreras que los propios pensamientos y sentimientos. A veces los aparto a un lado, me inunda la imaginación. Absorbe mi alma y, por unos segundos, estoy en otro lugar. 
Y es que esa era la palabra para describir todo: extraño. Y, sin embargo, todo era curiosamente conocido. Como si el deseo de liberar y dividir el alma fuera algo que nunca se puede controlar. A veces, en medio de palabras y confesiones, se me paraba el corazón. Y todo el mundo sabe que, por mucho que se quiera que prime la razón, sin corazón no se piensa.