sábado, 9 de febrero de 2013

Un borrón.

No se si tengo ganas de morirme o de encarrilar mi vida de una vez por todas. Algo va mal si te paras a pensar, ¿qué haces con tu vida?, si no sabes por donde ir. Solo hablo de caminos, y de vivir sin preocuparme y la verdad, es lo que quiero. Pero cuando te equivocas es duro volver atrás. Me equivoqué. Una vez más de mil anteriores, de un millón de veces que me quedan. Creo que ya he tropezado varias veces con esta misma piedra. Demasiadas. Y en todas el golpe ha sido el mismo.

Con una excepción. Esta sensación vacío, de lucha inmerecida, de palabras de adiós. De arriesgar por nada, de sentir por nada, de sacrificar por nada. 

Camarero, por favor, una ración de dopamina, que me quedan un millón de errores que cumplir.

jueves, 31 de enero de 2013

Una vida se queda corta.

Yo buscaba los caminos más directos, paradas de descanso, moteles de carretera, señales de "esta usted llegando a...". Buscaba atajos a los sueños, puentes al consuelo, gritos por rebelar. Buscaba ese don imposible. Buscaba brillantes en este camino de piedras. Compañía de otro loco, sin rumbo ni propiedad, más que el poder de decir las verdades y alumbrar la oscuridad. Buscaba noches en vela, atardeceres en el cielo, silencios en primavera. Rosas con espinas, que el dolor de una herida lo sanara una caricia, un reloj sin agujas, un parón en mi ruta de la seda. Un libro sin escribir, una pluma cien años vieja. Ese éxito que dicen que llega, el best seller de las vidas, conocer tierras ajenas. Buscaba una canción en una sala de espera, una sonrisa en una puerta, un baño de felicidad. Un salto a un vacío sin gravedad. Buscaba en ese largo camino, de inciertos y desconocidos, un alma y un viento frío que me dijeran: libertad.


Imagen por Cristina Santanach.



jueves, 3 de enero de 2013

El cordón del pantalón del pijama de Álvaro y otros temas sin demasiada importancia.

Que te levantas una mañana y estás rodeada de hombres (la mayoría en pijama) y piensas si saldrás de ahí manteniendo un mínimo de tu feminidad o si empezarás a jugar y a emocionarte con el Fifa, o viendo partidos de fútbol de alevines o juniors entre el Betis y el Atlético de Madrid. Y cuando sueltas el primer ¡oh, mierda! por un gol que no a entrado, realmente te lo planteas. Y que decir ya si te toca coger turno de ducha porque eres la única que no puede compartir el baño (aun que ellos quieran).
Aún me siento mujer cuando ves que todos sin excepción te sacan entre una y dos cabezas y bailo un vals/pasodoble extraño con uno de los tíos más altos con los que bailararé jamás. Y cuando discuten por con quien dormir y yo solo quiero que me dejen bastante hueco ya que me muevo mientras duermo y si me apuras, hasta pego patadas.
Bien, al menos soy la única mujer y no te ponen a fregar. Viva la igualdad, aun que todos nos planteemos la orientación sexual del malagueño (con cariño) y la madre de la casa (que tampoco eres tu) pone un poco de orden y al final hasta conseguimos comer de forma decente aun que no sana. 
Yo no se si a la gente no le parecía raro, tanto tío alto con una muchachilla de apenas metro setenta por Madrid. 
Los temas salen y yo doy mi opinión femenina, que para eso estoy. No se si reír o llorar cuando no paran de hablar "argentino" hasta en el metro. Foto. Otra foto. Lloran porque no hay barquitas. Dos guadalajareños se quejan por no poder hacerse una foto con un bogavante mientras uno que dice que es de Sevilla no para de hablar argentino en mitad del Retiro.
Vuelvo tarde y ya están otra vez intentando que te rompas el dedo jugando a esos muñecos que le dan patadas a un balón pero que parece que van cojos. 
Se montan el espectáculo más parecido a Brodway que he visto en tu vida y me se más de una canción. Me aprendo el himno del River, que no sabía ni que existía ¿por eso lo del acento argentino, chicos?). Se oye de fondo un "dejad eso ya y poned Marea" de uno con una gorra de Los Yankees, y que encima toma Algidol para brindar.  Suena un camino Soria, con el que sin duda se ganan mi corazón si es que no lo han hecho ya y hasta me permito desafinar con ellos. Me llaman cabrera e insisten en que baje el tono de voz que las ovejas (¿no eran cabras?) ya están metidas en el corral. Yo me quejo y replico y solo me llevo alguna mirada asesina de "como baje el vecino le abres tu la puerta". 
Y ya llega el de Uceda, que no se le ocurre otra cosa que pararse a pensar porque el cordón de su pantalón del pijama se le ha metido para dentro, y como según él, eso son cosas de mujeres, no sabe sacarlo. 
Y ahí sigue, con un extremo del cordón por la rodilla y el otro extremo por la espalda ya (por no decir otra cosa). 
Solo digo que suerte tuvisteis de que no matara a alguien después de despertarme haciéndome cosquillas en los pies a las once de la mañana.
A ser felices y solución única pa' tos.
Y muchos besos de buenas noches.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Punto y aparte.

No tengo mucho que decir si después de todo este tiempo lo voy a perder todo. Si me pilla un callejón sin salida y saltar al otro lado no depende de mi. O depende de mí, y no decido ni intentarlo. 
Tú, que formas parte de esas personas que si algún día me fallan, sin duda sabré tomarlo como un error cualquiera, sin la importancia suficiente como para destruir tantos meses de 'no se que haría yo sin ti'. Soy sincera cuando digo que es como si se me escapara una parte de mí, o como si una hermana me dejara para siempre. 
He perdido mucha gente a lo largo de mi  corta vida. Y las hay que no te importa perder, que las pierdes y no son imprescindibles, que las pierdes y es completamente reparable. Que las pierdes y descubres que prácticamente no valió la pena luchar por ello. Pero sabes que no puedes perder a alguien cuando se te va y te faltan más cosas que la propia persona. Cuando casi parece que te faltas tú, que ya no eres la misma persona, que estas incompleta.
Y la gente pensando en parejas, y novios y amor y en distancias y a mi ahora mismo solo me apetece abrazarte, pequeña. Y que me digas que no pasa nada, que todo esta bien, que no te vas a ir nunca más. Que podamos dejar de lado los reproches, las malas palabras, el rencor. 

No se si conseguiremos remendar los errores, arreglar el jarrón. Pero se me ha ido, y la hecho de menos. 

martes, 18 de diciembre de 2012

La esencia de la vida.

Yo me pregunto si hacer o no hacer algo si no sabes las consecuencias que va a tener. Si no sabes si son buenas o malas, y en que grado. ¿Serán muy malas? Estoy preparada para las malas consecuencias. Para hacer algo y esperar después lo peor. Me dicen porque soy pesimista y supongo que si espero siempre lo peor y pasa algo bueno, lo bueno será mejor todavía. 
No quiero arrepentirme de nada. Se que es imposible, ya que con los errores se aprende y a mis enormes meteduras de pata les debo mi humilde experiencia. Quiero equivocarme, una y otra vez. Quiero llorar mis penas y reír mis buenos momentos, que para eso son míos. Quiero que alguna vez las consecuencias no se interpongan entre algo que me hace feliz. Vivir el hoy, y no el mañana de ayer. Si hoy es un mal día ¿por qué no? ¿Cómo aprovechar los días buenos si no tenemos días malos? ¿Cómo disfrutar de las buenas personas si no nos cruzamos con las malas? Es imposible. Riámonos de los problemas, que por muy malos que sean, todo en esta vida tiene solución menos la muerte. 
Quizá sea mejor hacer algo que nos hace felices y luego pagar cierto precio que no hacerlo y seguir iguales, sin felicidad ni tristeza. Sin vaivenes, sin carreteras donde elegir. Obremos, erremos y arrepintámonos.  Supongo que cuando deje de aprender, de sorprenderme, de equivocarme, será entonces cuando ya no tenga nada que hacer en esta vida. 

Crecer poco a poco es la esencia de vivir.
Vivamos entonces.